MAELSTROM: ¿Puede existir un remolino gigante en medio del mar?

MAELSTROMSeguro que has escuchado alguna vez la palabra Maelstrom. Si eres lector de cómics, es posible que lo hayas leído en las historias de Marvel. Tal vez hasta te acuerdas de una entrega de los ‘Piratas del Caribe’ en la que se reproduce con gran estruendo, arrastrando a los barcos al fondo del océano. Pero, ¿puede es real? ¿Debemos preocuparnos por la posibilidad de encontrarnos con este fenómeno? Al parecer, pese a que la palabra en sí hace referencia a leyendas nórdicas, sí es posible que exista. Si retrocedemos 500 años al pasado, podemos leer la Carta marina de Olaus Magnus donde se da cuenta de un gran remolino ubicado en la costa norte de Europa. Supuestamente, era tan poderoso que engullía cualquier embarcación que pasaba por ahí. Además, el remolino se cita en otras fuentes medievales más bien poéticas. De hecho, la leyenda hace referencia a una corriente que se sitúa entre las islas Lofoten de Noruega y el golfo de Corryyreckan en Escocia. Asimismo, Edgar Allan Poe en su obra “Un descenso al Maelstrom” escribe que estaría ubicado en el estrecho de Moskstraumen. Lo describió como un lugar en el que las aguas oscuras se levantaban en un giro vertiginoso. Se pensaba que en este lugar el mar debía de ser muy profundo y con un agujero en el fondo desaguando hacia cavidades todavía más hondas, produciendo en la superficie los temidos remolinos. En realidad es justo lo contrario, ya que la zona más profunda alcanza tan solo 36 metros de sonda. El canal de Moskenstraumen tiene unos 8 kilómetros de anchura con fondos rocosos y zonas con bancos de arena de extrañas e irregulares formas que van subiendo rápidamente desde el oeste hacia el este, hasta alcanzar muy poca profundidad. Con el movimiento de las masas de agua debidos a los cambios de mareas, esta se canaliza y se desvía debido a la orografía submarina, haciendo que parte de este flujo regrese en sentido contrario por los extremos colindantes a la costa, a pesar de que en por el centro del canal siga circulando una fuerte corriente principal. Cuando dos corrientes de sentidos contrarios chocan o rozan entre sí, la fricción de sus capas límites forman fuertes turbulencias que genera a su vez un movimiento circular de un cilindro de agua de la altura de las corrientes que se encuentran. En determinadas condiciones, en el estrecho de Moskenstraumen se llegan a formar tres corrientes de diferentes sentidos que cuando se combinan con mala mar, sobre todo en invierno, hacen de esta agua un lugar verdaderamente peligroso para navegar, especialmente con barcos de pequeñas esloras. Como podéis notar, tenemos suficientes fuentes y citas para creer acerca de su existencia. Y parece ser que, aunque algo magnificado, estos escritos podrían tener razón. Si miramos lo que tenemos en nuestro mundo, podríamos considerar a Salstraumen como el mayor Maelstrom de todos, capaz de generar 400 millones de metros cúbicos de agua a 40 kilómetros por hora pasando por un canal de 150 metros cada 6 horas cerca de la ciudad de Bodo, en Noruega. Otros estudios afirman que realmente se podría ubicar cerca de las islas Lofoten. Pero no incluyen movimiento de traslación de agua, sino una corriente giratoria provocada por las mareas que provocan contracorrientes y corrientes en unos 18 kilómetros de extensión entre Sorland y Vaeroy. Aunque las descritas no sean de aspecto tan terrible como de las que se hablan en las leyendas, no obstante, la tradición oral y la necesidad de fe de la humanidad nos han llevado a dar un tono épico a esta clase de fenómenos para los que antaño no había explicación plausible que no pasase por las manos de omnipotentes deidades.

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TANE MAHUTA: El árbol más sagrado de Nueva Zelanda, en peligro de extinción

TANE MAHUTASe calcula que el Tane Mahuta, el árbol más grande y más venerado de Nueva Zelanda, podría tener unos 2.500 años de antigüedad. Tras todo ese tiempo sobre la Tierra, este kauri de 45 metros de alto y 4,4 de diámetro está gravemente amenazado por una peligrosa plaga, advierte un artículo publicado este miércoles en Science Alert. En efecto, casi una década después del descubrimiento de una enfermedad mortal que afecta a los kauri, una especie conífera endémica de este país, la plaga continúa extendiéndose a través de la parte septentrional de la Isla Norte neozelandesa. Miles de estos árboles han sido infectados y muchos han muerto o están camino de hacerlo. Una de las zonas más afectadas es el bosque de Waipoua, donde se encuentra el Tane Mahuta. Los maoríes, que remontan su linaje hasta los orígenes de la Tierra, consideran al Tane Mahuta -cuyo nombre significa ‘El señor del bosque’ en maorí- como un pariente suyo, por lo que la amenaza de perder este árbol debería impulsar la lucha contra esta plaga mortal, cree el autor. La enfermedad ha sido registrada a pocos metros del árbol milenario, a pesar de los esfuerzos de un programa en vigor desde el 2009 diseñado para detener su propagación. Gran parte de los objetivos de este plan se han centrado en fomentar cambios de comportamiento entre los visitantes del bosque para que sigan los senderos y adopten hábitos como lavar sus botas, por ejemplo, al mismo tiempo que pavimentar caminos de tierra. Sin embargo, el autor del artículo muestra su frustración ante este programa, ya que este se resiste a adoptar acciones más drásticas, como cerrar el acceso al bosque de kauris a los senderistas, algo necesario, cree, ya que los seres humanos son, junto con los cerdos salvajes, unos de los principales conductores de la enfermedad. A pesar de dictarse en noviembre del 2017 el cierre temporal del bosque de Waipoua, este no ha sido respetado por culpa de la falta de medidas efectivas para controlar que sea cumplido. Así, muchos visitantes ignoran la decisión y siguen entrando al lugar y diseminando la enfermedad, ya que el Tane Mahuta es un gran atractivo turístico que atrae a miles de personas a la zona. Como sabéis, Tane es el nombre de uno de los dioses del panteón Maorí. Este kauri es un superviviente de la selva subtropical húmeda que pobló en tiempos lejanos la Península de Auckland del Norte. Otro gigante algo menor se encuentra a poca distancia, el llamado Te Matua Ngahere, en maorí. Tane Mahuta es el árbol más famoso de todo el país, junto a su congénere Te Matua Ngahere. Los investigadores creen que se descubrió e identificó en la década de 1920 (aunque ya era conocido por la población aborigen), cuando se hicieron las primeros trabajos de campo para abrir la autopista estatal número 12 que atravesaba la selva donde se encuentra. En 1928, Nicholas Yakas y otros bosquimanos que trabajaban en la construcción de la carretera, también identificaron el árbol. Según el mito maorí de la creación del mundo, Tane es hijo de Ranginui el padre del cielo y de Papatuanuku la madre tierra. Tane separa a sus padres de su abrazo marital hasta colocar la bóveda celeste bien por encima de la madre tierra. Y entonces, cubre a su madre con su vestimenta vegetal. Tanto a los pájaros como a los árboles del bosque se los considera hijos de Tane. Hoy este árbol sagrado se encuentra en riesgo de desaparecer ¿Podrá salvarse en esta oportunidad?

NATURE: ¿Porque las arañas nos producen tanto miedo?

TarántulaQuien diga que no miente y si se trata de una tarántula – grandes y peludas – es para salir corriendo. Como sabéis, aunque solo el 0,1 % de las especies de arañas son venenosas, estos animales suelen parecerles horrendos y peligrosos a muchas personas. Y eso a pesar de que probablemente son menos peligrosas que los leones, las medusas o los escorpiones, pero sus patas y su forma de moverse, errática y rápida, provocan escalofríos. Alrededor del 5% de la población va más allá de la aversión a las arañas, y sufre una fobia en toda regla. Estas personas dicen sentir miedo al ver las patas de las arañas y sus típicos movimientos repentinos, que sus cerebros no pueden predecir. ¿Por qué puede ocurrir esto? Una explicación tradicional es que, aunque solo una pequeña parte de las arañas sean realmente peligrosa, a lo largo de la evolución tenerle miedo a todas ellas ha aumentado la tasa de supervivencia de los humanos. A diferencia de lo que ocurre con animales aposemáticos, que se caracterizan por exhibir colores muy vistosos para avisar de que son peligrosos o venenosos (como las avispas o algunas ranas del Amazonas), las arañas suelen ser oscuras o pardas. De hecho, tanto las venenosas como las no venenosas suelen tener un aspecto parecido. Esto parece haber repercutido en la aparición de un auténtico instinto de supervivencia ancestral especializado en la detección rápida de amenazas específicas. De hecho, algunos científicos han comprobado que la mayoría de las personas son capaces de detectar e identificar la forma típica de las arañas incluso por el rabillo del ojo y de una forma realmente rápida. “Las arañas son una de las pocas amenazas que han persistido a lo largo de la evolución y que están ‘diseñadas’ de forma única para capturar la atención sin importar la existencia de conocimientos previos, el coraje o la importancia de las tareas que se están haciendo en ese momento”, escriben los autores de un estudio publicado en Nature. Pero el ser humano se caracteriza por ser un ser cultural, además de animal. Por ese motivo no sorprende que la cultura tenga una gran importancia y un potente papel modulador en el rechazo instintivo a las arañas. Algunos estudios han sugerido que, en las sociedades occidentales, el rechazo a las arañas está vinculado con su asociación a enfermedades desde el siglo X en adelante. “El desarrollo de la asociación entre arañas y enfermedades parece estar vinculado con muchas epidemias devastadoras e inexplicables que golpearon Europa desde la Edad Media en adelante, en un momento en que la araña era susceptible de convertirse en el objetivo de la preocupación causada por estas epidemias”, escriben los autores de un estudio publicado en Society & Animals. Como prueba de la influencia de la cultura, mientras que en Europa las arañas se perciben en general como animales profundamente desagradables, en algunos lugares de América del Sur o en Camboya los nativos consideran a estos arácnidos como un manjar. Aparte de estas influencias culturales, hay evidencias de que el miedo a las arañas es innato. En una investigación, científicos introdujeron en un mismo lugar a grillos cargados de crías y a una indeseable vecina, una araña lobo. Para evitar un fatal desenlace, cubrieron los colmillos venenosos de la araña con cera para evitar que matase a los grillos. Así observaron que los insectos expuestos a esa tortura tenían unas crías que eran más miedosas ante las arañas: estas tendían a buscar refugio y a esconderse con una probabilidad dos veces mayor en comparación con los grillos que habían nacido de madres no expuestas a este terror. Además, los grillos nacidos de la horrible situación se quedaban inmóviles cuando pasaban cerca de las heces de una araña o de una tela, lo que aumentaba enormemente su probabilidad de sobrevivir. Estos resultados indican que, aparte de la carga genética, la epigenética, la regulación de dichos genes en función de circunstancias ambientales, puede cambiar drásticamente el comportamiento de los animales. Pero las personas tienen poco que ver con los grillos. Sin embargo, un estudio hecho con ratones, mostró que hasta dos generaciones de ratones descendientes de madres expuestas a una fuente de miedo, desarrollan una sensibilidad aumentada al tipo de estímulo que activó dicha emoción. La investigación mostró que este fenómeno se transmite a través de los gametos, lo que muestra una vía por la cual la información del ambiente (como que saber que las arañas son peligrosas) puede transmitirse a las futuras generaciones y tener influencia en el comportamiento, la anatomía del cerebro y en la epigenética. Pero nada dura para siempre, necesariamente. Los científicos saben que una forma de evitar el miedo y las fobias consiste en exponer al individuo a su fuente de miedo. El truco consiste en que esto sea un proceso gradual en el que el estímulo negativo (por ejemplo la imagen de una araña) no vaya acompañado de un estímulo negativo extra (como que la tarántula escale por el brazo o la pierna de la persona). Esto lleva a un proceso psicológico conocido como extinción del miedo y es muy familiar, por ejemplo, para las personas que acuden a ayuda profesional para perder el miedo a volar. Otro truco que quizás puede ayudar es aprender sobre las arañas y tratar de verlas con curiosidad y sin prejuicios. Así se puede descubrir que algunas son voladoras increíbles, otras tejedoras de esplendidas telarañas e incluso hay quienes son capaces de hacer auténticas acrobacias, pero a pesar de ello, su aspecto intimida a muchos y al igual que las serpientes, siempre despertaran temor.

UNA ANTARTIDA SIN HIELO: Un futuro amenazador para el planeta

AntarcticaQuizá ninguno de nosotros llegará a ver una Antártida libre de hielo, pero sí una acelerada pérdida creciente de agua congelada, que ya está en marcha. En efecto, los científicos ya han encontrado pruebas fehacientes del cambio irreversible que está empezando a producirse allí, aunque cuando uno visita aquel vasto territorio helado, no es consciente de la magnitud que está empezando a adquirir la citada pérdida de hielo y las consecuencias que ello está empezando a tener. Recientemente, se ha publicado el estudio más completo llevado a cabo hasta la fecha sobre los cambios de la masa de hielo experimentados en la Antártida en los últimos 25 años y las conclusiones son claras y demoledoras. Desde 1992, la pérdida neta de hielo ronda los 3 billones de toneladas – con b -, lo que ha contribuido en casi 8 milímetros a la subida global del nivel del mar. Los científicos no solo han logrado cuantificar la cantidad de hielo que ha perdido el continente, sino también el ritmo al que lo ha venido haciendo y la conclusión es clara: el deshielo se está acelerando, siendo especialmente crítica la situación en la Antártida Occidental. Desde el año 2012, la Antártida pierde hielo tres veces más rápido que como lo hacía al inicio del período que se ha analizado. Esto es un clarísimo toque de atención sobre los impactos que está empezando a tener allí el calentamiento global. No es algo que pueda extenderse a todo el territorio antártico, ya que hay zonas, particularmente de la Antártida Oriental, donde la masa de hielo incluso se ha incrementado, pero el balance neto es de pérdida y en caída libre. Las perspectivas de cara al futuro no son nada halagüeñas, especialmente si seguimos sin tomar medidas urgentes para frenar la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Las proyecciones climáticas plantean un escenario nada prometedor para finales de siglo si no se actúa con rapidez. Incluso actuando de forma decidida, seguirá perdiéndose hielo antártico en las próximas décadas, y esa fusión seguirá contribuyendo a subir el nivel del mar, pero lograríamos atenuar el ritmo de pérdida. En un escenario de bajas emisiones, en el 2070 la temperatura media de la Antártida subiría 1ºC, las aguas que rodean el continente blanco se calentarían en 0,7 ºC, se perdería del orden del 8% del hielo y dicha pérdida contribuiría a subir 6 centímetros el nivel medio del mar. El impacto no es pequeño, pero es mucho menor que el que habría si se considera un escenario de altas emisiones, al que podemos encaminarnos si seguimos con una actitud pasiva ante el cambio climático. En dicho escenario, la subida de temperatura del aire en la Antártida alcanzaría los 3 ºC, las aguas del océano antártico se calentarían casi 2 ºC, la pérdida de hielo alcanzaría el 43% y eso se traduciría en unos 27 centímetros de subida del nivel del mar, a los que habría que sumar los debidos a la fusión del hielo de Groenlandia (cuya contribución es mayor en la actualidad) y la dilatación térmica del agua oceánica. En definitiva, un escenario poco deseable, de gran impacto en el sistema climático, al que nos costaría mucho adaptarnos. No llegaremos a ver una Antártida libre de hielo, pero sí que iremos presenciando cómo los signos del calentamiento global se van haciendo allí cada vez más evidentes. Gracias a los científicos, no sólo sabemos el ritmo al que la Antártida está perdiendo hielo; también nos han mostrado cómo sería el continente si quedara desnudo de este elemento. Si, de repente, desapareciera el gigantesco manto helado, el continente blanco (que dejaría de serlo) pasaría a ser un conjunto de islas. Esta nueva configuración pone de manifiesto su fragilidad, particularmente en su parte occidental, ya que podemos comprobar cómo una gran parte del hielo está flotando en agua marina y ésta – tal y como se ha comentado – se calentará en el futuro. La pérdida de hielo trae consigo la consabida contribución a la subida del nivel del mar y el llamado rebote isostático, ya que, al descargarse de peso, la masa continental, irá también ascendiendo. Esperemos nunca verla sin hielo, pero ese será el destino de la Antártida si no combatimos decididamente el calentamiento global.

JUSTICIA ANIMAL: Leones devoradores de humanos

JUSTICIA ANIMALTodos recordamos la triste historia de Cecil, aquel magnifico león de Zimbabwe asesinado el 1 de julio del 2015 por un maldito dentista estadounidense, quien luego se vanaglorio de su ‘hazaña’. No le importo a ese miserable que el felino era una atracción internacional y emblema de ese país, el cual que murió tras largas horas de agonía. Por ello considero que es justo que los propios animales hagan justicia con sus propios medios, cazando, matando y devorando a quienes les proporcionan tanto sufrimiento. Precisamente, según una noticia dada a conocer el último fin de semana por The Daily Mail, una manada de leones devoro a tres cazadores furtivos en la Reserva Sibuya, en Sudáfrica, quienes tenían intención de capturar rinocerontes para obtener sus cuernos. El personal de la reserva ha encontrado una cabeza, miembros ensangrentados, tres pares de zapatos y varios rifles de caza. En el sitio de los hallazgos, también descubrieron una gran cantidad de comida, por lo que se sospecha que los cazadores permanecerían varios días en la reserva, por lo que podrían haber asesinado a todos los rinocerontes que sobreviven en el santuario. “Aunque estamos tristes por cualquier pérdida de vidas, las víctimas querían matar a nuestros animales, así que cualquier cazador furtivo ya sabe que no siempre será el ganador”, afirmo Nick Fox, dueño de la reserva, quien agrego que los leones son “los vigilantes y guardianes” de una de las reservas más populares de la zona, donde también viven elefantes, búfalos y leopardos. La policía confirmó la muerte de los tres cazadores y agregó que en el lugar se encuentran investigando para determinar si los leones devoraron más personas. Finalmente, detallaron que aún no se conoce la identidad de ninguno de los fallecidos, como si a alguien importara, ya que recibieron su merecido. Lástima que entre ellos no se encontrara el malnacido que mato a Cecil. No es la primera vez que los leones se hayan desayunado a seres humanos, especialmente en África ya que con la continua invasión de sus territorios de caza para convertirlos en tierras de cultivos, los felinos se sienten amenazados y ocasionalmente han tenido encuentros fatales, escasamente pero ocurren. Sin embargo, el caso mas famoso que se recuerde sucedió en 1898 durante nueve meses, cuando dos enormes leones mataron a decenas de obreros empleados en la construcción de un ferrocarril en Uganda, por lo que fueron conocidos como los leones devoradores de hombres de Ksovo. Entre 1896 y 1901 los británicos construyeron el Ferrocarril de Uganda, una línea de tren que unió el puerto de Mombasa con Kisumu, a la orilla del Lago Victoria, ambas en la actual Kenia. Bautizado como Lunatic Express por la opinión pública británica, debido a su elevado coste y a su aparentemente baja rentabilidad, las dificultades en su construcción empezaron casi desde su inicio: terreno difícil, falta de mano de obra (los obreros tuvieron que traerse de la India), motines de los trabajadores, conflictos con las etnias locales como los masái, o enfermedades como la malaria y la disentería. Pero ninguno de estos problemas fue tan inesperado como los ataques de dos leones que durante nueve meses mataron y devoraron a su antojo a empleados del ferrocarril y llevaron de cabeza a uno de sus ingenieros, el coronel John Henry Patterson, hasta que logró cazarlos, y que posteriormente narraría su historia en Los devoradores de hombres de Tsavo (1907). Contratado por la compañía del Ferrocarril de Uganda en marzo de1898 para construir un puente sobre el río Tsavo, su llegada coincidió con los primeros ataques de los felinos. “Uno o dos culis [trabajadores indios] desaparecieron misteriosamente – relató – y me dijeron que habían sido sacados por la noche de sus tiendas y devorados por los leones”. Patterson cifró el total de muertes en 28 indios, sin contar los nativos africanos sobre los que no se tiene registro oficial alguno. La osadía de estos animales para conseguir sus presas era inusitada, con una total falta de miedo a las personas, al fuego o a las armas. Su método de caza no difería del primer ataque descrito por Patterson: acechaban en mitad de la noche, atravesaban las bomas – cercos de matorrales espinosos que protegían los campamentos- y arrastraban afuera a sus víctimas para devorarlas. El coronel construyó trampas con cebo y muchas noches montó guardia en lo alto de los árboles. En una ocasión incluso prohibió levantar el cadáver de un trabajador y se situó cerca esperando que los leones volvieran para reanudar su festín. Todo en vano. Apostado en su mirador, tan sólo podía esperar a oír, “más pronto que tarde, los gritos agonizantes” de la próxima víctima. Los leones “parecían tener una extraordinaria y misteriosa facultad de averiguar nuestros planes”. Si Patterson se ubicaba cerca de un campamento, el siguiente ataque acaecía en otro refugio más alejado. Varias teorías han intentado explicar la predilección de los leones de Tsavo por la carne humana: una peste bovina que había reducido el número de sus presas usuales, la costumbre de atacar antiguas caravanas de esclavos, unos dientes infectados que dificultaban la caza… Fuera cual fuera la causa, los dos leones se convirtieron durante meses en una pesadilla para el Ferrocarril de Uganda y en el motivo del retraso en su construcción, según explicó en el Parlamento el primer ministro británico, lord Salisbury. Tras meses de pánico, el 1 de diciembre centenares de trabajadores huyeron en tropel en un tren de carga, dejando los trabajos paralizados durante tres semanas. La suerte cambió el 9 de diciembre, cuando Patterson, desde una frágil atalaya construida sobre el cadáver de un asno al que habían atacado al amanecer, cazó al primer león. El felino resultó ser un gigante de 2,95 metros del hocico a la punta de la cola, y se necesitaron ocho hombres para llevarlo al campamento. El coronel mató al segundo león al cabo de 20 días, después de atraerlo hasta los cadáveres de unas cabras. Necesitó nueve balazos. Patterson conservó las pieles de los dos animales hasta 1924, cuando en una de sus giras por Estados Unidos dando conferencias las vendió al Museo Field de Chicago, que las montó en un diorama. Cuando uno visita el museo y los ve ante sí, entiende por qué los trabajadores creían que se trataban de demonios en forma de león, “espíritus coléricos de dos jefes nativos fallecidos que protestaban contra la construcción del ferrocarril a través de sus tierras”: a pesar de los ojos de cristal, los leones de Tsavo, incluso muertos, aún dan miedo. Muchos descerebrados condenan a aquellos animales – y no solamente leones – que matan a los humanos, pero ellos se lo buscan al invadir sus territorios para apoderarse de esas tierras, que deberían ser santuarios naturales donde los animales puedan vivir en paz. Lamentablemente la explosión demográfica en África es imparable y en pocas décadas no habrá lugar para ellos. ¿Veremos cruzados de brazos como se extinguen?

CATASTROFE ANUNCIADA: Las abejas se extinguirán en cuestión de años

Abejas en peligroEl calentamiento global podría ser la principal causa de la extinción masiva de abejas en todos los continentes de la Tierra en los próximos años, según advierten ecólogos de la Universidad del Noroeste (Illinois, Estados Unidos) en un estudio cuyas conclusiones publica The Earth Chronicles of Life. Para analizar este asunto, el investigador Paul Caradonna y sus colegas crearon pequeñas colmenas de madera y las colocaron en un área árida y montañosa de Arizona donde cada vez hay menos abejas osmias, principales polinizadoras del arándano. Con la intención de conocer qué sucede cuando la temperatura asciende y prever las condiciones que podríamos tener de 2040 a 2099, esos especialistas pintaron algunas colmenas de negro para que se calentaran, mientras que en otras emplearon el color blanco para recrear un ambiento más fresco que existía a mediados del siglo pasado. En los últimos dos años, murieron casi todas las abejas que vivieron en las colmenas negras: un 35 % el primer año y el 70% de las supervivientes el segundo. En el mismo periodo, solo fallecieron antes de reproducirse entre un 1 % y un 2 % de los ejemplares con residencias normales o blancas. Estos científicos explican que las altas temperaturas dentro de las colmenas “engañan” a las abejas y no las permiten hibernar plenamente, con lo cual queman más rápido sus reservas de grasa y en primavera despiertan en “un estado muy débil”. En los próximos años, si las temperaturas de nuestro planeta aumentan la situación podría ser catastrófica y hasta provocar que las abejas desaparezcan por completo, “debido a que se encontrarán fuera de sus límites fisiológicos”, ha afirmado Caradonna. El principal autor de la investigación recuerda que la extinción de las abejas perjudicaría a ecosistemas de todo el mundo y podrían provocar una hambruna mundial, ya que polinizan la mayor parte de los cultivos. “Sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres. La vida sin estos insectos sería un desastre global” aseveró. Al respecto, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) dice que hay 100 especies de cultivos que proporcionan el 90% de los alimentos en todo el mundo, y 71 de ellos se polinizan con las abejas. Sólo en Europa, el 84% de las 264 especies de cultivo y 4000 variedades vegetales existen gracias a la polinización por abejas. Por ejemplo, en el 2012, la población de abejas en Estados Unidos se redujo en un 60%, muy por encima del 5% o 10% habitual luego de la temporada invernal, lo que ha llevado a expertos a calificar el2012 como el peor año de la historia en apicultura. ¿A que se debió aquello? A otro peligro al cual los insectos también están expuestos, como son los insecticidas. Ese año, murieron en Oregón 50.000 abejas a causa de sus efectos, como ejemplo de no solo el calentamiento global amenaza su existencia. Mientras que la Comisión para el Control de la Seguridad Alimentaria de la Unión Europea (EFSA) confirmó que la causa de la muerte en masa de las abejas en Europa es concretamente el uso de un tipo particular de fertilizantes, llamados neonicotinoides. La mezcla de sustancias interfiere en los circuitos de aprendizaje (revista Nature communications*) del cerebro de los insectos. Los vuelve más lentos a la hora de aprender o se olvidan por completo de asociaciones básicas para su supervivencia, como relacionar el aroma floral y la comida. Las abejas, mueren porque no son capaces de alimentarse. El cambio climático agrava la situación porque altera la floración y cantidad de plantas por las épocas de lluvias, que afecta a la cantidad y calidad del néctar, ya que la contaminación del aire reduce la potencia de los mensajes químicos que emiten las flores y a las abejas y otros insectos les cuesta más localizarlas. En nuestro día a día también podemos combatir contra esta problemática actuando en la lucha contra el cambio climático y la contaminación, así como prohibir el uso de pesticidas, pero aun se nos plantean dudas como: ¿Existen otras medidas? ¿Estamos a tiempo de remediar esta situación? ¿Están desapareciendo otros animales que a priori no nos parecen fundamentales, pero sin su actividad no concebiríamos la vida?

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