ES BUENO SABERLO: ¿Sabían que los perros interpretan nuestro lenguaje corporal?

rex-el-rottweillerEscribo esta nota bajo la intimidante mirada de Rex y es que a diferencia de nosotros, a los animales no les hace falta preguntar cómo se sienten. Y es que la energía que proyectan les da toda la información que necesitan para comprender los mensajes. Según los expertos, junto con ella, los perros utilizan el olfato, su segundo sentido más desarrollado. Cuando hablamos de que un perro puede oler el miedo, no es solo una expresión. En un perro, la energía y el olfato están profundamente conectados. En cuanto cambiamos de un estado a otro, por ejemplo al miedo, el perro lo detecta instantáneamente, y sabe que está en ventaja sobre nosotros, pues le estamos transmitiendo una energía débil. La energía es un lenguaje de emociones. No hace falta decirle a un animal cómo nos sentimos, él lo sabe, incluso antes de que nos demos cuenta. Puedes gritar a tu perro hasta quedarte afónico para que obedezca, pero si no eres capaz de enviarle la energía apropiada, no obtendrás ningún resultado. Es más, dado que los perros perciben los gritos como un estado de excitación emocional y por lo tanto de inestabilidad, dejará de confiar en ti. Para ellos un líder inestable no es un buen líder. El perro está continuamente observándonos, interpretando nuestro lenguaje corporal. El olfato funciona también como lenguaje para los perros. Les proporciona una enorme cantidad de información sobre su entorno y sobre los demás individuos que están en él. Cuando nos acercamos por primera vez a un perro, éste utiliza su olfato para chequearnos. Durante este proceso, no hay que tocarlos, hablarles, ni por supuesto huir. La única forma de poder compartir un espacio en armonía, es aprender a distinguir al otro por su olor. Una vez nos hayan “fichado” se sentirán cómodos. El estatus que a partir de ese momento tengamos dentro de su mundo, dependerá de la energía que le hayamos transmitido. En el caso de Rex es dominante por naturaleza y cada vez que lo saco al parque nadie se le acerca. Con su mirada asesina somete a todos al instante. Por ello se ha convertido en el terror del vecindario, a pesar de que nunca lo hice pelear y jamás lo haría. Quiero mucho a mi perro y no por gusto ha participado en varios concursos y es el campeón de campeones con varios premios en su haber. Y no va a ser.

NADA ES PARA SIEMPRE: ¿Qué sucedería si el Sol desapareciera de repente?

the-sunNo hace falta ser un astrónomo experimentado para saber que dependemos completamente del Sol. Nuestra estrella particular, en efecto, ocupa el centro de nuestro sistema planetario, mantiene los mundos en su sitio e irradia la energía necesaria para que aquí, en la Tierra, sea posible la vida. Gracias al Sol tenemos luz, calor, atmósfera, fotosíntesis, océanos… Sabemos también, sin embargo, que nada, ni siquiera el Sol, dura eternamente. Durará mucho tiempo, sí, aunque no para siempre. ¿Pero qué sucedería si un buen día el Sol desapareciera de repente? ¿Cuáles serían las consecuencias para nosotros y cómo se sucederían en el tiempo? Un gráfico recién publicado por la web SolarCentre ha recopilado mucha de la información disponible para resolver la cuestión. Y el panorama, como era de suponer, no resulta nada esperanzador… En efecto, en una secuencia cronológica, lo primero que desaparecería con el Sol es su atracción gravitatoria. Todos los planetas están “ligados” gravitatoriamente al Sol, y su súbita desaparición los dejaría sin un centro alrededor del que orbitar. De modo que empezarían a viajar, más o menos, en línea recta, hasta que se toparan con otro cuerpo lo suficientemente grande como para atraerlos. La estrella más cercana, Alpha Centauri, está a 4,2 años luz de distancia, así que esta situación de “vagabundeo espacial”, suponiendo que algún mundo se dirigiera hacia allí, durarían muchos miles de años. Por supuesto, al perder su orden establecido es muy probable que algunos planetas chocaran entre sí, o que muchas lunas acabaran precipitándose sobre los mundos a los que orbitan. Júpiter y Saturno, los dos gigantes del Sistema Solar, lograrían quizá atraer a algunos de los planetas que nos rodean, para devorarlos sin contemplaciones. En cuanto a la falta de luz en la Tierra, tardaríamos 8 minutos en darnos cuenta de que el Sol ya no está en su sitio. Ese es, en efecto, el tiempo que un rayo de sol tarda en recorrer, a la velocidad de la luz, los 150 millones de km. que nos separan del astro rey. Pasado ese tiempo, nos veríamos sumidos de repente en una total oscuridad. Y sería para siempre. Ni siquiera seríamos capaces de volver a contemplar la Luna, ya que su brillo no es más que un reflejo de la luz que recibe del Sol. Sí que veríamos las estrellas, que disponen de sus propias fuentes de luz, pero nuestras vidas se convertirían en una larga e interminable noche. Sin luz, además, las plantas ya no podrían seguir haciendo la fotosíntesis, con lo que la aportación de oxígeno a la atmósfera se interrumpiría casi por completo. Las reservas planetarias del gas que nos permite respirar apenas si durarían un par de semanas. Pero la oscuridad no sería lo más grave. De hecho, la temperatura media de la Tierra, que actualmente es de 29,6 grados, descendería rápidamente hasta los -123 grados en apenas dos meses. Cuatro meses después de la desaparición del Sol, la temperatura media de nuestro planeta sería de -198 grados, casi doscientas veces más fría que el interior de una nevera doméstica. En estas condiciones, la inmensa mayoría de la vida desaparecería de nuestro mundo. Solo quedarían algunos microorgansmos extremófilos que viven en medio de las rocas de la corteza terrestre, a varios km. de profundidad, y que no dependen de la luz solar. Los animales subterráneos y los carroñeros lograrían sobrevivir, quizá, durante un breve tiempo adicional, alimentándose de los cadáveres del resto. Pero terminarían desapareciendo en pocas semanas, junto a los demás. Sorprendentemente, los árboles más grandes lograrían, quizá, sobrevivir más tiempo, incluso durante algunas décadas, a pesar del frío y sin fotosíntesis. Para los humanos, la única opción sería embarcar en submarinos y sumergirse con ellos hasta lo más profundo de los océanos, para aprovechar el calor interno del planeta a medida que surge a través de las fuentes hidrotermales. Con los océanos congelados, ese sería, probablemente, uno de los últimos reductos para la vida terrestre. Otra solución temporal sería la de construir módulos habitables totalmente aislados de las condiciones externas, aunque habría muy poco tiempo para hacerlo (menos de un mes desde el “apagón”) y, de conseguirlo, solo se salvarían unos pocos y durante un tiempo limitado. Al final, unos pocos cientos de años tras la desaparición del Sol, incluso las profundidades oceánicas se congelarían. La atmósfera se colapsará y la gélida superficie de lo que fue un mundo lleno de vida quedaría indefensa del bombardeo radiactivo de los rayos cósmicos. Un panorama totalmente desolador. Por fortuna, el Sol es una estrella de mediana edad, que lleva brillando unos 5.000 millones de años y todo parece indicar que lo seguirá haciendo durante otros 5.000 millones de años más. Aunque ningún ser humano llegará a verlo. Dentro de “solo” unos 1.000 millones de años, en efecto, el Sol se habrá vuelto tan caliente que hará hervir los océanos, que se evaporarán y harán de la Tierra un mundo inhabitable. Ojala que para entonces ya estemos instalados en otros lugares, muy lejos de aquí…

LAS TERMITAS: Consumados arquitectos de la naturaleza

termiteroLas termitas de África subsahariana tienen algo muy importante que enseñarnos acerca de la forma en que construimos nuestras casas. En efecto, los conocidos termiteros, así llamados los montículos de barro que construyen, aparentemente al azar, son reconocidos por su capacidad para regular y controlar las condiciones del interior de sus hogares. Increíblemente, estas “edificaciones” pueden mantener el mismo nivel de comodidad que las nuestras, con toda nuestra tecnología artificial. Las termitas son capaces de hacerlo mediante la construcción de complejos conductos y canales, que consiguen los objetivos de una forma bastante más eficaz y eficiente que la nuestra. Las termitas necesitan una temperatura prácticamente constante de 30 ºC para sobrevivir, por lo que mantienen la temperatura dentro de su nido con una oscilación del orden de 1 ºC, entre el día y la noche, mientras que la temperatura exterior puede oscilar entre máximas de 42 °C y mínimas de 2 °C, es decir con una oscilación del orden de 40 ºC. Con millones de habitantes, literalmente, en un solo montón de tierra, ubicado en un nido enterrado unos pocos metros por debajo de la superficie, se enfrentan a un reto formidable para ventilar la colonia y mantener tanto la temperatura y como la humedad en valores constantes, mientras que en el duro entorno exterior se dan condiciones meteorológicas en las que la colonia perecería. Existen varias construcciones biomiméticas (imitando a la naturaleza) en distintos lugares del mundo; por ejemplo, el edificio Eastgate, un complejo de oficinas en Harare (Zimbabwe), con un sistema de aire acondicionado que imita el modelo de los montículos climatizadores de las termitas, con lo que para su climatización total, este edificio consume sólo el 10 % de la energía de un edificio convencional de su tamaño, o lo que es lo mismo se ahorra un 90% de los costes de climatización. Teniendo en cuenta que, a nivel global, el consumo asociado al funcionamiento de los edificios representa el 40% de toda la energía utilizada por la humanidad, resulta que aprender a diseñar y construir, según el modelo de las termitas, es de vital importancia de cara al desarrollo sostenible. Para nosotros los humanos, es inconcebible que actualmente los recursos de energía renovable por sí solo puedan suministrar suficiente energía para nuestro desarrollo. Sin embargo, se estima que existen unos 500 kilogramos de termitas por cada ser humano vivo, y esa enorme cantidad de seres se organizan para que los recursos renovables les basten y les sobren, lo que demuestra que deben estar haciendo algo mejor que nosotros. La climatización que han ideado las termitas es cavar una especie de acondicionador del aire, en la base de la estructura, que enfría el aire (cuando se requiere) por medio de cámaras excavadas en el barro húmedo y al mismo tiempo (cuando se requiere) envía el aire caliente a la parte superior, a través de un conducto basado en el “efecto Venturi”. Cuando es necesario, las termitas modifican los circuitos de canalización, con la apertura de nuevos túneles y el taponamiento de otros, para regular el calor y la humedad (Auténticas Técnicas de Climatización). Existe un tipo de termitero con una estructura en forma de torre, donde el sistema de refrigeración empleado sería la envidia de cualquier ingeniero, pues a la vez que consiguen mantener constante la temperatura, realizan una ventilación y renovación del aire, expulsando el dióxido de carbono al exterior e introduciendo oxígeno al interior. El gran número de termitas, hasta varios millones, generan calor y dióxido de carbono, que hay que eliminar para proteger a la colonia, que ocupará la parte central del nido, de forma que el aire caliente y cargado de dióxido de carbono ascenderá a través de las galerías laterales, y gracias a la porosidad de las paredes se producirá la difusión del dióxido de carbono hacia el exterior y del oxígeno hacia el interior. De la parte inferior del termitero parten canales hasta el nivel freático, donde las obreras recogen el barro para la fabricación del termitero. Las termitas son como extraterrestres en nuestro propio planeta, de forma que han necesitado especializarse para su supervivencia, debiendo construir sus hábitats con la misma diligencia que sería necesaria para la construcción de una colonia humana en otro planeta. Mientras nosotros luchamos para obtener más y más energía para crecer con nuestras actuales tecnologías, las termitas han evolucionado sus métodos de construcción, utilizando únicamente fuentes de energía renovables y aprovechando todo lo que la naturaleza les ofrece, sobre el terreno, en el sitio de construcción, para optimizar su trabajo. Tal vez por eso no hay dos termiteros iguales, puesto que en cada caso se adaptan a las condiciones del terreno en ese punto y a las distintas profundidades, manteniendo siempre sus objetivos, pero resolviendo los obstáculos sobre la marcha. La estructura geométrica del termitero, a medida que avanza la obra, es el resultado de las soluciones adoptadas en cada paso, y el acceder a esas estructuras es una labor delicada, que requiere un cuidadoso tratamiento, similar al utilizado con las fulguritas. No se conoce ningún otro ser vivo sobre la Tierra, como las termitas, capaces de combinar la ingeniería medioambiental, la arquitectura y la climatización, para obtener el máximo rendimiento de lo que la naturaleza pone a su alcance.

SCIENCE: El océano Ártico podría quedarse sin hielo en el 2050

calentamiento-globalCada tonelada de dióxido de carbono (CO2) que emite a la atmósfera cualquier persona provoca la desaparición de 3 metros cuadrados de hielo en el Ártico en la época de verano. Este es el cálculo que presenta esta semana en la revista Science en un estudio liderado por el profesor Dirk Notz, director del grupo de investigación sobre hielo marino en el Instituto Max Planck de Meteorología (Alemania) y la profesora Julienne Stroeve, del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo en Boulder (Estados Unidos). En efecto, el estudio ofrece un sistema de cálculo mucho más exacto sobre larelación entre emisiones de CO2 y pérdida de hielo. Además, apunta que si la emisión de este tipo de gases de efecto invernadero provoca un aumento de la temperatura media de 2 grados (en relación con la temperatura preindustrial) el Ártico perderá todo el hielo en época de verano.Incluso si no se alcanzan los 2 grados de aumento pero se mantiene el actual ritmo de crecimiento de la concentración de CO2 en la atmósfera, el Ártico se quedará sin hielo en verano hacia mediados de este siglo. El cambio climático acelerado por actividades humanas como la emisión de CO2 es la causa principal del deshielo ártico pero los autores de este nuevo estudio reconocen, no obstante, que es prácticamente imposible calcular exactamente la fecha en la que el Ártico dejará de tener hielo permanente en verano, debido a que existen factores locales y meteorológicos que también afectan a este proceso. Pero, en relación con nuestras actividades habituales, una tonelada de dióxido de carbono, ¿es mucho o poco? También en este caso, la respuesta depende mucho de cada caso pero, como promedio y para poner un ejemplo, se calcula que un coche de motor a gasolina que recorre 20.000 kilómetros al año emite a la atmósfera 3,8 toneladas de CO2 anuales. Por tanto, y si este es el caso, solo por nuestro coche, cada uno de nosotros somos responsables de la desaparición de 11,4 metros cuadrados de hielo en el Ártico, cada año. Como sabéis, el rápido retroceso del hielo marino del Ártico es uno de los indicadores más directos del cambio climático en curso en nuestro planeta, recuerdan los autores de este estudio en una nota informativa difundida por el Instituto Max Planck. En los últimos cuarenta años, la cubierta de hielo en verano ha perdido más de la mitad de su superficie, con simulaciones de modelos climáticos que predicen que la mitad restante podría haber desaparecido a mediados de siglo a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan rápidamente. Sin embargo, varios estudios han indicado que los modelos climáticos subestiman la pérdida de hielo marino del Ártico y, por tanto, podrían no ser las herramientas más adecuadas para cuantificar la evolución futura de esta capa de hielo. Para abordar esta cuestión, el estudio que ahora se publica en la revista Science trata de calcular la evolución futura del hielo marino en el verano ártico directamente del registro observacional acumulado en los últimos años. Para ello, los autores examinan el vínculo entre las emisiones de dióxido de carbono y el área de hielo marino del verano ártico, y encuentran que ambos están relacionados linealmente. El profesor Dirk Notz afirma que su sistema de cálculo es relativamente sencillo. “Por cada tonelada de dióxido de carbono que una persona emite en cualquier parte de este planeta, desaparecen 3 metros cuadrados de hielo ártico en verano”. La investigadora Julienne Stroeve detalla que “hasta ahora, el cambio climático a menudo se ha sentido como una noción bastante abstracta; y nuestros resultados nos permiten superar esta percepción”. Para poner un ejemplo, la profesora Stroeve detalla que -en función de las emisiones de CO2 que producen los aviones- por cada asiento en un vuelo de ida y vuelta Londres-San Francisco “hace desaparecer unos 5 metros cuadrados de hielo marino del Ártico”. Con respecto a la evolución futura del hielo marino del Ártico, el nuevo estudio considera que el objetivo de calentamiento global acordado a nivel internacional por el Acuerdo de París podría ser insuficiente para asegurar que el Ártico siga teniendo hielo marino en verano. Solo si las emisiones de dióxido de carbono se mantienen en unos niveles que permitan asegurar que el calentamiento global será menor a los 1,5° C, como se propone en el Acuerdo de París, “el hielo marino del verano en el Ártico tiene una posibilidad real de supervivencia a largo plazo”, concluye el nuevo estudio.

FLOATING FARM: La primera granja flotante para producir leche en Holanda

floating-farmSi las vacas pueden viajar de un continente a otro sin marearse, ¿por qué lo van a hacer si viven en una plataforma flotante? En efecto, Holanda sacará provecho a sus aguas para paliar la escasez de tierras agrícolas y construyendo la primera granja flotante del mundo. El ayuntamiento de Rotterdam se mostró a priori un poco reticente a esta idea, preocupado de que el oleaje afecte la salud de los animales. Sin embargo, un grupo de investigadores de la Universidad de Utrecht ha recomendado la construcción y señala que el ganado no se marea: millones de vacas se envían sin problema cada año desde Australia a EEUU. La plataforma estará en el complejo portuario de Merwedehaven, localizado en Rotterdam y construido en los años 30 del siglo pasado. Esta zona industrial cuenta con numerosas vías acuáticas, recintos portuarios, y extensiones de agua con espacio para nuevas construcciones. “A las vacas no les pasará nada. La plataforma será muy estable. Cuando estamos en un crucero, no nos mareamos”, ha señalado Minke van Wingerden, de la empresa Beladon con visiones de diseñar y construir edificios emblemáticos, sostenibles y flotantes. El objetivo es que sea completamente autosuficiente para la producción diaria de leche y elaborar productor lácteos frescos para los consumidores de la ciudad de Rotterdam. “Reduciremos el transporte y la logística para salvar el medio ambiente de los gases de efecto invernadero”, ha asegurado la compañía. Este proyecto constará de 1.200 metros cuadrados, costará 2,5 millones de euros y producirá unos 1.500 litros de leche al día para ser pasteurizada y procesada en una lechería que se localizará en el piso más bajo de la granja.El testimonio de los investigadores era el único paso que faltaba en las negociaciones para obtener el permiso de las autoridades de Rotterdam. Si el ayuntamiento da luz verde al proyecto, la desafiante granja comenzará a construirse en julio del año que viene. La granja tendrá un suelo suave para una mejor comodidad de los animales, que se moverán libremente entre árboles y arbustos. Utilizará energía solar y almacenará el agua de la lluvia para su reciclaje.Serán unos robots los que recogerán el estiércol para trasladarlo a unidades fertilizantes, y los que repartirán los alimentos al ganado. También contará con un sistema de luces LED para un rápido crecimiento de la hierba.Este espacio también acogerá un laboratorio de alta tecnología para investigar un mejor tratamiento del proceso de producción de alimentos y residuos. Una vez construida la base, el objetivo es ampliar la plataforma para dar cabida a 200 vacas con una producción diaria de 5.000 litros de leche, para alojar a unos 6.000 pollos y para acoger un invernadero flotante.

NO DESEARÍAS TENERLO CERCA: ¿Cuánto tardaría un vampiro en chuparnos la sangre?

vampiroVenga ya, no existe animal más repulsivo que los vampiros, pero al ser tiempo de Halloween, se trata de una buena oportunidad para tratar este tema ¿vale? Como sabéis, los vampiros son unos mamíferos voladores al igual que los murciélagos, pero a diferencia de sus parientes, presentan un rasgo distintivo aún más curioso: son los únicos que se alimentan exclusivamente de sangre. Estos duermen durante el día en total oscuridad, suspendidos cabeza abajo en los techos de las cuevas. Suelen agruparse en colonias de unos 100 individuos, aunque a veces viven en grupos cuyo número supera el millar. En un año, una colonia de 100 vampiros puede beber la sangre de 25 vacas. El vampiro sale a cazar en las horas más oscuras de la noche. Suele elegir como víctimas a caballos o cabezas de ganado mientras duermen, pero se sabe que también se alimenta de sangre humana. Los vampiros chupan la sangre de sus víctimas durante unos 30 minutos. La cantidad de sangre que extraen no supone un daño para el animal al que atacan, pero sus mordiscos pueden causar infecciones y enfermedades graves. Los murciélagos vampiros abordan a sus víctimas desde el suelo. Se posan junto a su presa y se aproximan a ella caminando a cuatro patas. A causa de su dieta líquida, tienen pocos dientes, pero los pocos que tienen son afilados como cuchillas. Cada murciélago tiene en su hocico un sensor térmico que le dirige hacia un punto en el que fluye sangre caliente bajo la piel de su víctima. Tras aplicar un mordisco al animal, el vampiro succiona la sangre con su lengua. Su saliva impide que la sangre se coagule. Las crías de vampiro no se alimentan de sangre, sino de leche. Se aferran fijamente a sus madres, incluso mientras éstas están volando, y únicamente consumen su leche durante los primeros tres meses de vida aproximadamente. Su fama ha dado origen a leyendas en el este de Europa que se han plasmado en la literatura como en el cine, seres demoniacos que se alimentan exclusivamente de sangre humana, como el conde Drácula. ¿Cuánto tardaría entonces un vampiro como los de las películas de terror en chuparnos la cantidad de sangre suficiente para matarnos? Esa es la pregunta que se hizo un grupo de investigadores británicos del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad de Leicester. Para averiguarlo, acudieron a la dinámica de fluidos y los resultados se publicarón en la revista Journal of Physics Special Topics, que edita la propia institución inglesa. Seis minutos y veinticuatro segundos. Ese es el tiempo que Drácula tardaría en absorber de nuestra carótida el 15% de toda la sangre de nuestro cuerpo. Que es, según los científicos, la cantidad mínima de sangre cuya falta sería capaz de provocar trastornos significativos en el sistema circulatorio de un ser humano medio. “A lo largo de toda la historia – se afirma en el artículo – han existido leyendas sobre vampiros chupadores de sangre. Utilizando la dinámica de fluidos, hemos hallado que un vampiro tardaría solo 6,4 minutos en drenar el 15% de la sangre a través de la arteria carótida del cuello de un ser humano”. La aorta, que es la arteria principal del cuerpo, se divide en cinco grandes ramificaciones. Pero para el estudio los investigadores se centraron en una sola de ellas, la carótida (que es la que muerden los vampiros) y en la velocidad de la sangre que fluye a través de ella. Estudiando cómo varía la presión de la sangre en las arterias con respecto a la presión atmosférica, los científicos lograron establecer un valor fijo para la diferencia de presión. Luego, calcularon la densidad media de la sangre a temperatura ambiente y, por último, determinaron la cantidad que saldría a través de un orificio en el cuello de unos 0,5 milímetros, que se correspondería con la mordedura de un vampiro. Dado que un cuerpo humano medio contiene unos cinco litros de sangre, el estudio ha determinado que un vampiro podría absorber a través del orificio una cantidad de 0,75 litros en 6,24 minutos. O lo que es lo mismo, el 15% del total.

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