SCIENCE: Las mariposas nos revelan sus secretos

BUTTERFLYUn equipo internacional de científicos ha descubierto que un solo gen es responsable de generar los riquísimos patrones de color de las alas de las mariposas. Según sus conclusiones, publicadas recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, este gen, llamado WntA, funciona de un modo distinto en cada especie y por eso genera una coloración diferente. Han podido averiguar todo esto gracias a las modernas técnicas de edición genética CRISPR/Cas, que les han permitido inactivar esta parte del ADN y luego observar los cambios de color de los animales. “Sorprendentemente, un solo gen, y uno que es usado en repetidas veces a lo largo del desarrollo, puede tener efectos enormes”, ha dicho en un comunicado Owen McMillan, coautor del estudio e investigador en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI). El hecho de que en cada animal tenga efectos distintos es una confirmación de uno de los principios más importantes de la evolución: que cuando un mismo gen adquiere nuevas funciones, los animales se diversifican. Además, su estudio les ha permitido comprender mejor la genética de los lepidópteros, uno de los grupos de organismos de la Tierra con más especies, y descubrir nuevas y sorprendentes formas en que el gen WntA influye en la coloración. Ahora podrán examinar los árboles familiares de estos animales y tratar de averiguar cuándo cambió su coloración en el pasado. Y, solo analizando la secuencia del gen WntA, podrán predecir cuántos genes controla en cada especie. En un comienzo, los autores, entre los que hay investigadores de la Universidad de Cornell, la de Chicago, la de Cambridge, la de California-Berkeley y la de Oxford Brookes, quisieron investigar precisamente cómo surgía la diversidad del color de las mariposas en el nivel de los genes. Para ello, recurrieron a las modernas técnicas de edición del ADN, CRISPR/Cas. Esto les permitió inactivar al gen WntA y luego inferir cuál es su función en cada grupo de mariposa. En total, hicieron este trabajo con siete especies diferentes. Gracias a esto, observaron que el gen WntA funciona de un modo distinto en cada especie y a veces incluso de forma diferente dentro de cada una. En ocasiones este gen es “leído” por células de las venas de las alas, pero en otros casos son las células de la base de estos órganos las que lo leen. ¿Qué quiere decir que una célula “lee” un gen? Esto ocurre cuando el material genético se expresa, lo que implica que la maquinaria celular produce proteínas que desempeñan una función, en este caso, generar los patrones de la coloración, a partir de lo que ha encontrado en el ADN. Si el ADN fuera una receta de cocina, la proteína sería el pastel y la función, la fiesta de cumpleaños. En el caso de WntA, la proteína que se produce en las células se libera al exterior, donde actúa como un mensajero. Este le dice a las otras células especializadas dónde deben colocarse en un tejido, lo que influye en la aparición del color. “Imagina uno de esos dibujos para colorear donde los números indican qué color hay que usar”, ha dicho McMillan. “Las instrucciones para colorear las alas están en el código genético. Por eso, si borramos algunas instrucciones podemos inferir qué parte dice que de qué color es cada número. Por supuesto, es mucho más complicado que esto porque en realidad lo que cambian son redes de genes que tienen un efecto cascada en los patrones y en el color”. De hecho, el contexto que rodea al gen WntA influye en la aparición de distintos pigmentos y colocaciones de las células, lo que cambia el modo como la luz se refleja en el ala. “En las mariposas, el color depende de los pigmentos y de las propiedades estructurales de las células de las escamas que cubren el ala”, ha recordado McMillan. Tal como ha recordado este investigador, los patrones de color de las mariposas no solo son increíbles, sino que tienen una gran importancia para estos animales, puesto que su supervivencia y su éxito reproductivo dependen de ellos. Por eso, la regulación del funcionamiento del gen WntA es clave para la supervivencia de las mariposas. En consecuencia, este gen se mantiene bastante inalterado a lo largo del tiempo, y por eso resulta interesante estudiar su historia dentro del árbol familiar de estas criaturas. Por último, parece ser que tener un solo gen para una función tan importante tiene la gran ventaja de que la mariposa no necesita producir diferentes proteínas para cada trabajo, sino que le basta con una sola.

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ESTACION ESPACIAL INTERNACIONAL: 20 años de vida compartida en el espacio

EEIUn 20 de noviembre de 1998, el lanzamiento del módulo ruso Zaryá marcó el inicio de la Estación Espacial Internacional (EEI), una pequeña ciudad científica que orbita a unos 400 kilómetros de la Tierra y que en este 20 aniversario se congratula de ser un ejemplo de cooperación. La Agencia Espacial Europea (ESA), la estadounidense NASA, la rusa Roscosmos, la japonesa JAXA y la canadiense CSA forman parte de esta aventura, la mayor infraestructura que los humanos han lanzado al espacio y que desde noviembre del año 2000 ha estado constantemente habitada. La primera tripulación de la EEI, integrada por el estadounidense William Shepherd y los rusos Yuri Gidzenko y Serguéi Krikaliov, despegó a bordo de una nave Soyuz el 31 de octubre de ese 1998. Actualmente se encuentra allí la misión número 58, compuesta por el alemán Alexander Gerst, la estadounidense Serena Auñón-Chancellor y el ruso Sergey Prokopyev, y el próximo 3 de diciembre despegarán sus sucesores. “El mayor éxito de esta asociación es haberse mantenido unida y más fuerte que nunca en un mundo en el que cada vez es más complicado trabajar juntos”, explico el exastronauta belga Frank De Winne, director del Centro Europeo de Astronautas de la ESA en Colonia (Alemania). Tanto en esa ciudad alemana, como en Rusia, Japón, Estados Unidos y Canadá se forman esos futuros “mecánicos”, que se encargan del mantenimiento de la estación, además de observar la Tierra y el espacio y de investigar el comportamiento de líquidos, organismos vivos u otros materiales en condiciones de gravedad cero. “La ingravidez es la razón por la que tenemos que volar al espacio, porque es imposible hacer ese tipo de investigaciones en la Tierra”, añade De Winne, para quien la experimentación científica es la principal razón de ser de la EEI. La estación pesa actualmente unas 400 toneladas y con sus 100 metros de largo y 80 de ancho es tan grande como una cancha de fútbol. Su espacio habitable equivale a una casa con seis habitaciones, dos baños y un gimnasio, y su tripulación oscila entre tres y seis personas, aunque en ocasiones puntuales ha alcanzado los 13. Dennis Tito entró en la historia como su primer turista espacial, tras desembolsar más de 20 millones de dólares para partir hacia la EEI en abril del 2001, y la estadounidense de origen iraní Anousheh Ansari fue la primera mujer turista en viajar hasta allí, en el 2006. La EEI gira alrededor de la Tierra a unos 28.000 kilómetros por hora, con los que completa 16 órbitas al día, una cada 90 minutos, y su historia está plagada de hitos, como el del estadounidense Scott Kelly y el ruso Mikhail Kornienko, que batieron el récord de permanencia al pasar 340 días consecutivos entre 2015 y 2016. Las condiciones de vida allí, donde la falta de gravedad hace que el concepto de arriba y abajo sea inexistente, son “bastante similares” a hace 20 años, asegura De Winne. No obstante, sí ha habido mejoras significativas: máquinas para hacer ejercicio de mayor calidad, una mejor conexión con la Tierra y mejor aislamiento acústico y contra la radiación. El exastronauta duda de que en un futuro inmediato sea planteable una colonia humana permanente en el espacio, pero asegura que la experiencia acumulada hasta ahora en la EEI es un buen preludio para estancias más prolongadas y con más integrantes. Lo que no descarta es facilitar una mayor entrada del sector comercial privado a la experimentación, que contribuya a aliviar el peso de los gastos y facilite a las distintas agencias gubernamentales centrarse en objetivos más a largo plazo. Con un coste cercano a los 100.000 M$, su vida útil, prevista hasta el 2020 se ha prolongado de acuerdo con los socios internacionales hasta el 2024. Los constructores aseguran que su integridad estructural llegará hasta el 2028 y su integridad física hasta mediados de los años 2030.

VICTIMAS COLATERALES DE LOS SAFARIS DE CAZA: Los buitres se enfrentan a la extinción y a la indiferencia

VULTUREEstigmatizados injustamente por alimentarse de animales muertos, a pesar de cumplir un importantísimo papel en la preservación de la naturaleza, los buitres viven horas difíciles. Como sabéis, el declive de elefantes, leones, rinocerontes, leopardos y búfalos puso en el punto de mira a los safaris de caza en África. A los animales abatidos en cacerías ‘recreativas’ -una importante fuente de ingresos para los países en los que viven- se suman los que mueren cada año a manos de los furtivos. Pero los cinco grandes de África o Big Five, como se conoce a las especies más codiciadas, no son las únicas víctimas de la caza. El plomo que contienen las balas está envenenando a los buitres que se alimentan de la carroña, un problema detectado ya en muchos países y que ahora ha sido documentado en Botswana. Según detalla un estudio publicado en la revista Science of the Total Environment, un 30,2% de los 566 buitres analizados en este trabajo presentaba elevados niveles de plomo en su sangre, de entre 10 y 45 microgramos por decilitro (g/dL), mientras que el 2,3% de esas rapaces superaba los 45 g/dL. Al analizar los resultados hallaron una correlación entre los niveles de plomo de las muestras, recogidas en 15 puntos del país, y los lugares y el momento en el que habían sido tomadas. Así, las que contenían mayor concentración de plomo habían sido obtenidas durante la temporada de caza y dentro de zonas en las que se abatían los animales. Según los autores de la investigación, realizada conjuntamente con la ONG conservacionista Raptors Botswana, la explicación más lógica es que el origen de la intoxicación sean las balas de plomo disparadas por los cazadores. El estudio, que se prolongó durante cuatro años, se centró en analizar la situación del buitre dorsiblanco africano (Gyps africanus), una especie críticamente amenazada. Según señala Rebecca Garbett, coautora del artículo, no son los únicos animales salvajes que podrían estar afectados por las balas de plomo: “En Botswana, otras aves rapaces como el águila rapaz y volatinera podrían estar en riesgo y también mamíferos carroñeros, como la hiena o el chacal, corren el mismo riesgo de ingerir fragmentos de cadáveres con plomo. Sin mencionar otras especies de buitres, además de los dorsiblancos”, enumera la investigadora del Instituto de Ornitología Africana FitzPatrick y de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudáfrica). “Según la estimación más reciente, realizada por BirdLife Internacional, quedan unos 270.000 buitres dorsiblancos africanos pero, teniendo en cuenta el ritmo de descenso que se ha visto en algunas partes de África (de hasta un 90% menos de ejemplares en 55 años), diría que probablemente quedan menos porque continuamente mueren ejemplares envenenados en toda África”, apunta. Botswana prohibió en el 2014 la caza en tierras de propiedad estatal, así que sólo se puede desarrollar esta actividad en propiedades privadas. Sin embargo, los niveles de plomo en la sangre de buitres han aumentado y creen que la explicación a ese incremento es que ahora la caza está más concentrada. Por ello, consideran que la única medida eficaz sería prohibir el uso de munición de plomo a escala nacional. Sostienen, asimismo, que lo que está ocurriendo en Botswana no es un problema aislado y temen que la situación “en otros países africanos, como Sudáfrica, en los que se permite la caza recreativa sea peor”, señala la científica. Por otra parte, cuando hay una cacería los buitres suelen sobrevolar la zona, alertando de la presencia de furtivos, lo que los ha convertido en sus enemigos. Por ello, una práctica cada vez más habitual en África consiste en envenenar a propósito a cientos de buitres dejando un cadáver de un gran animal con un alto contenido de plomo. El buitre dorsiblanco, junto con otras especies de buitres, “desempeña un papel enormemente importante a la hora de mantener el equilibrio de nuestros ecosistemas. Son vitales para frenar la transmisión de enfermedades entre animales salvajes y humanos, y pueden metabolizar patógenos peligrosos presentes en los cadáveres, como el ántrax”, advierte Rebecca Garbett. Como ejemplo de su importancia cita lo que ocurrió en Asia cuando tres especies de buitre prácticamente desaparecieron: “Su ausencia pasó casi desapercibida al principio, pero hubo un gran aumento de carroñeros indeseables, como perros y ratas salvajes, que dispararon los casos de rabia en humanos. Las implicaciones no fueron sólo sanitarias, el coste económico fue también enorme y obligó al Gobierno a dedicar miles de millones de dólares. Debemos preservarlos ¡El mundo necesita buitres!” aseveró. Pero el envenenamiento por plomo no es un problema exclusivo de África. Son numerosos los animales afectados en todo el planeta, como el cóndor californiano – otro pariente del buitre – que se encuentra al borde de la extinción. “Aunque una parte del plomo presente en estas rapaces procede del plomo natural (geológico), la mayor parte proviene de las municiones. Las más perjudicadas son las rapaces y las aves acuáticas porque el plomo que cae en los humedales se disuelve y lo ingieren cuando comen. Se trata de un metal muy contaminante que tiene efectos tóxicos sobre el sistema nervioso central, no sólo de la fauna, sino de las personas. En el buitre, afecta también a la mineralización de sus huesos, que son más frágiles y se rompen con más facilidad, y a su fertilidad: Aunque no muera intoxicado, no se va a reproducir y va vivir poco tiempo. Debemos protegerlos antes que sea demasiado tarde” puntualizó.

UNA PREGUNTA AUN SIN RESPUESTA: ¿Cómo se llenaron los océanos de la Tierra?

PLANETA AZULLa Tierra se distingue por ser el planeta azul. Un lugar privilegiado cubierto de grandes océanos, lagos y ríos que permiten el desarrollo de la vida. De dónde vino toda esa agua ha sido siempre una pregunta que ha fascinado a los científicos. Una de las teorías más aceptadas por la comunidad científica es que sus elementos, el hidrógeno y el oxígeno, llegaron del exterior, a bordo de asteroides y cometas. Pero pudo haber existido otra fuente que hasta ahora había pasado inadvertida y que es más antigua que el planeta mismo e incluso ¡más que el Sol! Un equipo de geocientíficos de la Universidad Estatal de Arizona (EE.UU.) cree haberla encontrado donde el sentido común de cualquiera sin preparación científica jamás la buscaría: en la nebulosa de formación del Sol. “Los cometas contienen mucho hielo y, en teoría, podrían haber proporcionado algo de agua”, dice Steven Desch, astrofísico y uno de los científicos del equipo. Los asteroides, agrega, también son una fuente de agua, no tan rica, pero aún así abundante. Sin embargo, existe otra forma en la que el agua pudo formarse en los primeros tiempos del Sistema Solar. “Debido a que el agua es hidrógeno más oxígeno, y el oxígeno es abundante, cualquier fuente de hidrógeno podría haber servido como origen del agua de la Tierra”, apunta el investigador. En el principio, el gas de hidrógeno era el ingrediente principal de la nebulosa solar, los gases y el polvo de los cuales el Sol y los planetas, incluido el nuestro, se formaron. Si el abundante hidrógeno en la nebulosa pudiera haberse combinado con el material rocoso de la Tierra a medida que esta se formaba, ese podría ser el último origen de los océanos terrestres. “A la nebulosa solar se le ha prestado la menor atención entre las teorías existentes, aunque era el reservorio predominante de hidrógeno en nuestro sistema solar primitivo”, subraya Jun Wu, autor principal del artículo publicado en la revista Journal of Geophysical Research. Para distinguir entre las fuentes de agua, los científicos recurren a la química de los isótopos y miden la proporción entre dos tipos de hidrógeno. Casi todos los átomos de hidrógeno tienen un núcleo que es un solo protón. Pero en aproximadamente uno de cada 7.000 átomos de hidrógeno, el núcleo tiene un neutrón además del protón. Este isótopo se llama hidrógeno pesado o deuterio, simbolizado como D. La relación de la cantidad de átomos de D con los átomos de H ordinarios se denomina relación D/H, y sirve como una huella dactilar para determinar de dónde proviene ese hidrógeno. Por ejemplo, el agua de los asteroides tiene un D/H de aproximadamente 140 partes por millón (ppm), mientras que en el agua de los cometas es más alto, desde 150 ppm hasta 300 ppm. Los científicos saben que la Tierra tiene un océano global de agua en su superficie y cerca de dos océanos más disueltos en las rocas de su manto. Esa agua tiene una relación D/H de aproximadamente 150 ppm, lo que casa muy bien con una fuente de asteroides. Los cometas, con sus relaciones D/H más altas, son peores fuentes. En principio, como el D/H del gas de hidrógeno en la nebulosa solar era solo de 21 ppm, resultaba demasiado bajo para suministrar grandes cantidades de agua a la Tierra. De hecho, el material del asteroide es tan bueno que hasta ahora los investigadores han descontado las otras fuentes. Pero el equipo de Wu apunta que no debe ignorarse el gas de la nebulosa solar, porque otros factores y procesos han cambiado el D/H del hidrógeno de la Tierra desde su formación. La clave está en un proceso que combina la física y la geoquímica, que el equipo encontró que actuó para concentrar el hidrógeno en el núcleo al tiempo que aumentaba la cantidad relativa de deuterio en el manto de la Tierra. El proceso comenzó bastante pronto cuando los planetas alrededor del Sol empezaron a formarse y crecer a través de la fusión de bloques de construcción primitivos llamados embriones planetarios. Estos objetos de tamaños que van del de la Luna al de Marte crecieron muy rápidamente en el Sistema solar temprano, al colisionar y acumular material de la nebulosa solar. Dentro de los embriones, los elementos radiactivos en descomposición fundieron el hierro, que atrapó el hidrógeno de los asteroides y se hundió para formar un núcleo. El embrión más grande experimentó la energía de colisión que derritió toda su superficie, lo que los científicos llaman un océano de magma. El hierro fundido en el magma arrebató el hidrógeno de la atmósfera primitiva en desarrollo, derivada de la nebulosa solar. El hierro llevó este hidrógeno, junto con el hidrógeno de otras fuentes, al manto del embrión planetario. Con el tiempo, el hidrógeno se concentró en el núcleo del embrión. Mientras tanto, otro proceso importante estaba ocurriendo entre el hierro fundido y el hidrógeno. A los átomos de deuterio (D) no les gusta el hierro tanto como a sus homólogos H, lo que provoca un ligero enriquecimiento de H en el hierro fundido y deja relativamente más D en el magma. De esta manera, el núcleo desarrolló gradualmente una relación D/H más baja que el manto de silicato, que se formó después de que el océano de magma se enfriara. En una segunda etapa, los embriones chocaron y se fusionaron para convertirse en una proto-Tierra. Una vez más, un océano de magma desarrollado en la superficie y, una vez más, el hierro y el hidrógeno sobrantes pueden haber sufrido procesos similares a los de la primera etapa, completando así la entrega de los dos elementos al núcleo de la proto-Tierra. “Además del hidrógeno que capturaron los embriones, esperábamos que también atraparan algo de carbono, nitrógeno y gases nobles de la nebulosa solar temprana. Estos deberían haber dejado algunos rastros de isótopos en la química de las rocas más profundas, que podemos buscar”, explica Wu. El equipo modeló el proceso y verificó sus predicciones en muestras de rocas del manto, que son raras hoy en la superficie de la Tierra. “Calculamos la cantidad de hidrógeno disuelto en los mantos de estos cuerpos que podría haber terminado en sus núcleos”, dice el astrofísico Steven Desch, miembro del equipo. “Luego comparamos esto con las mediciones recientes de la relación D/H en muestras del manto profundo de la Tierra”. Esto permitió al equipo establecer límites sobre la cantidad de hidrógeno en el núcleo y el manto de la Tierra. “El resultado final -dice Desch- es que la Tierra probablemente se formó con siete u ocho océanos globales de hidrógeno. La mayoría de esto en realidad vino de fuentes de asteroides. Pero unas pocas décimas del hidrógeno de un océano provienen del gas de la nebulosa solar”. Según Wu, “nuestro planeta esconde la mayor parte de su hidrógeno en el interior, con aproximadamente dos océanos globales en el manto, de cuatro a cinco en el núcleo, y por supuesto, un océano global en la superficie”. El nuevo hallazgo, dice el equipo, encaja perfectamente en las teorías actuales sobre cómo se formaron el Sol y los planetas. También tiene implicaciones para los planetas habitables más allá del sistema solar. Los astrónomos han descubierto más de 3.800 mundos que orbitan otras estrellas, y muchos parecen ser cuerpos rocosos no muy diferentes de los nuestros. Muchos de estos exoplanetas podrían haberse formado lejos de las zonas donde podrían haber surgido asteroides ricos en agua y otros bloques de construcción. Sin embargo, aún podrían haber recolectado gas hidrógeno de las nebulosas de sus propias estrellas de la manera en que lo hizo la Tierra. “Nuestros resultados sugieren que la formación de agua es probablemente inevitable en planetas rocosos suficientemente grandes en sistemas extrapolares”, concluye el equipo.

NATURE: ¿Qué especies dominarían la Tierra si los humanos nos extinguiéramos?

The Ape NewsEn un futuro postapocalíptico,que está mas cerca de lo que uno se imagina ¿qué pasaría con la vida si los humanos desapareciéramos? Al fin y al cabo, es probable que la especie humana se extinga mucho antes de que el sol se convierta en una gigantesca bola roja y acabe con todos los seres vivos sobre la faz de la Tierra. Suponiendo que no acabemos antes con los demás seres vivos (algo poco probable a pesar de nuestra tendencia a hacer desaparecer especies), la historia nos dice que habrá cambios fundamentales una vez que los humanos dejemos de ser la especie animal dominante del planeta. Así que, si pudiésemos dar un salto en el tiempo hasta unos 50 millones de años después de nuestra desaparición, ¿qué encontraríamos? ¿Qué animal o grupo de animales nos relevarían como especie dominante? ¿Nace un Planeta de los Simios como el de las películas? ¿O dominarán la Tierra los delfines, las ratas, las cucarachas, los leones o las hormigas? Esta pregunta ha dado lugar a muchas especulaciones, y numerosos escritores han hecho listas de especies candidatas. Sin embargo, antes de hacer conjeturas, debemos explicar a qué nos referimos con especies dominantes. Se podría decir que la era actual es la era de las flores. Sin embargo, al visualizar el futuro nadie se imagina a Audrey 2 de La tienda de los horrores (aunque los trífidos de la ficción tuvieran rasgos característicos de los animales, tales como un comportamiento depredador y la habilidad de moverse). Limitémonos entonces al reino animal, más por razones prácticas que filosóficas. Según ciertos criterios, el mundo siempre ha estado dominado por bacterias, a pesar de que la “era de las bacterias” acabó hace unos 1.200 millones de años. Pero no fue porque las bacterias dejasen de existir o porque disminuyese su predominio, sino porque tendemos a dar más importancia a los grandes organismos multicelulares que vinieron luego. Según algunos cálculos, cuatro de cada cinco animales son nematodos (gusanos cilíndricos). Así que, con estos ejemplos, queda claro que ni la prevalencia, ni la abundancia, ni la diversidad son esenciales para ser la forma de vida dominante. En cambio, nuestra tendencia es pensar en organismos grandes y carismáticos. Hay un indiscutible grado de narcisismo en cómo los humanos designamos a las especies dominantes, al igual que una tendencia a otorgar este título a nuestros parientes cercanos. El Planeta de los Simios imagina que nuestros parientes primates podrían desarrollar el habla y adoptar nuestra tecnología si les diéramos el tiempo y el espacio suficientes.Pero es poco probable que las sociedades primates no humanas hereden nuestro dominio sobre la Tierra ya que, probablemente, los simios se extinguirán antes que nosotros. Ya somos el único homínido vivo que no está en peligro de extinción. Y no es probable que la crisis que podría acabar con nuestra especie dejase al margen a los otros grandes simios. De hecho, cualquier tipo de extinción que afecte a los humanos sería también peligrosa para aquellos organismos con similares necesidades fisiológicas básicas. Aunque los humanos sucumbiéramos a una pandemia mundial que afectara a pocos mamíferos, los grandes simios son, precisamente, las especies que más riesgo tienen de contraer nuevas enfermedades que podrían eliminarlos de la Tierra. ¿Podrá otro pariente, más distante, (primate, mamífero o de otra índole) desarrollar inteligencia y una sociedad similar a la nuestra? Eso tampoco parece probable. De todas las especies que, en teoría, han sido animales dominantes en algún momento, los humanos son únicos en su excepcional inteligencia y destreza manual. Se puede deducir, por tanto, que tales cualidades no son un requisito para ser la especie dominante ni para evolucionar. La evolución no favorece la inteligencia por sí misma, a no ser que esta lleve a un mayor nivel de supervivencia y de reproducción. Por lo tanto, es un grave error pensar que nuestros sucesores serán especialmente inteligentes, que serán seres sociales, que podrán hablar o que serán expertos en tecnología. Así que, ¿podemos afirmar algo sobre la especie dominante 50 millones de años luego de la extinción del ser humano? La respuesta es tan decepcionante como sorprendente. Podemos estar bastante seguros de que no será un chimpancé parlante como César, pero no tenemos ni idea de qué será. La Tierra ha visto gran número de extinciones masivas a lo largo de su historia. La diversificación de la vida tras cada suceso siempre ha sido relativamente rápida y la adaptación de las nuevas especies produjo nuevas formas de vida muy diferentes a las que las engendraron tras sobrevivir a la extinción anterior. Las pequeñas criaturas que corrían bajo las patas de los dinosaurios a finales del periodo Cretáceo eran muy diferentes de los osos de las cavernas, de los mastodontes y de las ballenas descendientes de la Era de los Mamíferos. Asimismo, los reptiles que sobrevivieron a la extinción masiva del Pérmico-Triásico hace unos 250 millones de años, que acabó con el 90% de las especies marinas y con el 70% de las terrestres, tampoco se parecían a los pterosaurios, dinosaurios, mamíferos y pájaros que descendieron de ellos.En La vida maravillosa: Burgess Shale y la naturaleza de la historia, el difunto Stephen J. Gould defendía que el azar, o la contingencia, como él solía decir, tuvo un papel muy importante en las grandes transiciones de la vida animal. Hay margen para discutir sobre la importancia relativa de la contingencia en la historia de la vida, que sigue siendo un tema controvertido hoy en día. Sin embargo, la percepción de Gould de que difícilmente se puede presagiar la supervivencia de las razas modernas tras una futura extinción es una lección de humildad sobre la complejidad de las transiciones evolutivas. Aunque podría ocurrir que sean las hormigas quienes nos releven en el dominio de la Tierra, tal y como se ha especulado, es imposible que sepamos cómo serán esas criaturas dominantes descendientes de las actuales.

¡BOSQUES QUE RESPIRAN!: Un fenómeno natural que no deja de causar controversia

BOSQUES QUE RESPIRANHay extraños sucesos que por muy inusuales y atemorizantes que nos parezcan, tienen una explicación racional. Eso sí, cuando los ves, te quedas sin palabras. Uno de estos casos ha ocurrido en un bosque de Sacre-Coeur (Québec). Unas fuertes ráfagas de viento han provocado en los árboles un movimiento ascendente que ha conllevado que éstos arrastren consigo la tierra sin desprenderla, creando el maravilloso efecto de la tierra respirando, según informa el medio especializado en meteorología The Weather Network. A pesar de que existen otros antecedentes similares, el curioso fenómeno ha suscitado una serie de rumores acerca de las causas de tal ‘respiración’. Pero la respuesta es más que lógica: la fuerza de las ráfagas de viento, sumadas a los efectos de la lluvia en la tierra, levantan con tal fuerza a los árboles que crean ese efecto. “Durante las tormentas, el suelo se satura y la cohesión de la tierra con las raíces se afloja. El viento trata de derribar los árboles y su fuerza se transfiere a las raíces, de modo que el suelo parece respirar”, ha explicado el arboricultor Mark Vanderwouw a The Weather Network. La gruesa capa de hojas y musgo del otoño acentúa la sensación. Vanderwouw asegura que el entramado de raíces se levanta al intentar mantener los árboles erguidos, y que, cuando el viento tiene la fuerza y la duración suficientes, las raíces podrían llegar a romperse, provocando la caída de los árboles. Esta no es la primera vez que se capta en vídeo el fenómeno que hace que el suelo de un follaje canadiense supuestamente respire como hacemos los humanos. En octubre del 2015 la cadena de televisión canadiense CBC difundió imágenes capturadas en la provincia de Nueva Escocia, también en Canadá, similares a las actuales: en ella se podía apreciar un tupido bosque cuyo suelo parecía respirar, como si se tratara del estomago de un gigante roncando. Aun así, llama fuertemente la atención porque no se sabía que la tierra pudiera moverse de esa manera. No debe sorprender por ello que el video en cuestión que muestra tal fenómeno, tenga miles de visitas y se ha hecho viral precisamente porque tiene todos los ingredientes para serlo ¿no lo creen ustedes?

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